domingo, 2 de enero de 2011

Por qué observamos los pájaros


Muchas veces me han preguntado por qué los naturalistas, los ornitólogos, observamos los pájaros. Difícil dar una respuesta; imposible intentar, además, que nos represente a la mayoría, pues, sin duda, habrá que ahondar, en cada caso, en las vivencias personales que conformaron nuestro particular universo emocional, frecuentemente ya desde la más tierna infancia. Trata uno entonces, torpemente, de racionalizar una cuestión que, en puridad, es genuinamente pasional. Y, como en un boceto de campo, acertamos a dibujar apenas unos trazos que señalan la emoción de la aventura, la fascinación por la belleza de formas, colores y sonidos de nuestros amigos alados; la pasión por la libertad y por los espacios abiertos, la curiosidad inquebrantable que nos lleva a intentar hallar, en el comportamiento de las aves, respuestas que, en última instancia, nos ayuden a comprendernos mejor a nosotros mismos...

Esto, sin duda, son razones ampliamente compartidas. Aspira uno, además, a que la mayoría de los observadores de aves no nos quedemos sólo en el mero disfrute estético, en tachar figuritas en la guía, en tomar fotos o en la recopilación del dato científico; sino que tengamos también la sabiduría de incorporar la responsabilidad y la implicación personal en la conservación de las aves y sus hábitats, aunque sólo sea por devolver en parte a los pájaros esos instantes de dicha inolvidables que nos brindan sin condiciones.

Fragmento del Prólogo que escribí para el libro "Las aves de la comarca Requena-Utiel" (Armero, J. et al. 2009, Tundra Ediciones, Valencia).

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