jueves, 29 de septiembre de 2011
La llamada oculta
Esconde el estruendo del mugir rugido del venado en la atardecida de otoño, esa otra llamada de amor más bella, persistente, sólo audible desde la inmediatez, del querer salirse de su pecho el corazón palpitante, enardecido de pasión.
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Víctor J. Hernández
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Tras los pájaros del marjal
¡Qué bien sienta, cada mañana, el cotidiano paseo observando aves en el vecino marjal! Rodeado de trinos, graznidos y llamadas de todo tipo, revuelos y chapoteos en torno, con ese aroma selvático de los humedales maduros, se siente uno, a la luz nueva del día, un explorador de lejanas tierras, de cenagosos pantanos perdidos en continentes aún salvajes. Y más en estas fechas de migración, donde coinciden a un tiempo sobre este territorio común, las aves africanas, las mediterráneas y las del frío norte de Europa, con la sorpresa latente de un encuentro con alguna rareza perdida desde las tundras norteamericanas...
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Víctor J. Hernández
martes, 27 de septiembre de 2011
Últimos días de alimoches
Salgo ahora mismo hacia las parameras del Bajo Sistema Ibérico, ya en los últimos días de seguimiento de los dormideros comunales de alimoches. Con las primeras hojas amarillas, las cifras van menguando en los atardeceres del páramo, sobre los viejos y retorcidos chopos muertos, desde las concentraciones de más de un centenar de hace unas semanas hasta que emprendan su viaje los últimos. Y, luego, sólo el viento...
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Víctor J. Hernández
lunes, 26 de septiembre de 2011
Mañana de otoño temprano
Tranquilamente, prismáticos a mano, desde nuestro observatorio de aves en el balcón, voy entresacando de los cuadernos de campo las notas que necesito para completar una publicación. Y alrededor, bajo un limpio cielo azul, los estorninos en su higuera, hartándose de la última cosecha; la familia de urracas en animada persecución mutua; el bando mixto de gorriones comunes y molineros trajinando semillas en el herbazal; las currucas cabecinegras, carrasqueñas y capirotadas trasteando la maraña arbórea, donde reclama un cerrojillo; un cernícalo parado ahí mismo, cernido en lo alto, pica a por un saltamontes; un gato escarba un hoyo en el suelo y acomoda sus posaderas; suenan las campanas; el goteo que no cesa de golondrinas y aviones en migración; un gavilán, un águila calzada, un lagunero en paso también; distingo varias mariposas macaones de segunda generación; dos conejos brincan en la linde del huerto... Y el loco mundo de las prisas, de las ambiciones y las miserias humanas, tan ensimismado, tan ciego, tan lejos...
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Víctor J. Hernández
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